Querida familia y amigos,
Por fin consigo escribiros unas cuantas líneas. Hace ya casi una semana que llegue aquí y han pasado muchas cosas, cuando recuerdo mi viaje y salida de Europa parece que fue hace una eternidad… Los primeros días en Honduras se han caracterizado por altibajos, la llegada a la aldea de La Venta y el descubrimiento de este mundo tan diferente han sido para mi momentos fuertes en los que he tenido una ola de sentimientos y estados a veces contradictorios.
La vida aquí es la de una pequeña y pobre aldea hondureña, las casas son humildes o se parecen bastante a chabolas, las calles son de tierra y hay animales errantes por todos los sitios: perros, gallos, burros, vacas y caballos. Aquí, el agua es oro y se distribuye cada dos días, entre 6 y 9 de la mañana, a veces más, a veces menos. La cuantidad es igual para todas las casas, la gente tiene que hacer reservas si quiere tener bastante para cocinar, ducharse, lavar ropa, fregar, etc.
Yo vivo en una casa dentro del terreno del proyecto que es bastante extendido, estamos más o menos en medio de la aldea, mi casa es relativamente grande, con 3 habitaciones y una sala principal que sirve de salón, comedor y cocina. Fuera tengo una pila con una reserva de agua del pueblo, que por supuesto no es potable, un aseo ecológico (es decir seco) y una ducha que me acaban de instalar pero que solo tiene agua fría. La casa es muy simple y bastante típica de aquí, no tengo casi muebles, solo lo estrictamente necesario. Hay que estar en harmonía con el canto del gallo por la mañana, con los pajarracos que han elegido domicilio sobre mi techo y con las vacas que me miran, impasibles, cuando entro y salgo de casa. La verdad es que uno se acostumbra bastante rápido, además, este cambio radical de estilo de vida es también lo que quería experimentar y me está resultando interesante y no lo mas difícil de todo esto.
La gente aquí es muy acogedora, el director, que es hondureño de origen suizo, pero sobre todo su mujer, hondureña y directora académica del proyecto, me han ayudado mucho. También tengo unos vecinos geniales, la mujer es la cocinera del centro, el marido también trabaja de mecánico para el proyecto y viven con 3 de sus hijos en la casa vecina, casi idéntica a la mía. Me he relacionado bastante con ellos, llevan una vida muy simple y me siento muy a gusto con ellos. También hay otro voluntario, es un suizo que va a estar 3 meses trabajando sobre la página web del proyecto, nos llevamos bien y compartimos esta experiencia juntos, aunque somos bastante diferentes. Aun tiene que llegar el chico alemán que trabajara de voluntario en la escuela. Las dos chicas que tenían que venir se retractaron, por eso estoy sola en la casa (eso me fastidio bastante pero es asi, por lo visto les freno la situación política del país).
Bueno, esta semana ya empiezan las clases, tenemos poco material y aun no han llegado los libros (donados por otra escuela) pero la escuela y las aulas están bien, dentro de lo posible. Veremos cómo son mis alumnos.
Me quedan un montón de cosas por contaros pero no me caben todas aquí. A ver qué tal estáis todos.
Con mucho cariño,
Paula