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Han pasado tres semana desde el final de las vacaciones que tuvimos en junio, ya estamos de vuelta en pleno trabajo, después de haber vivido la derrota de la selección hondureña en el mundial –días en los que las clases se suspendieron y nos reunimos todos, alumnos y maestros, para ver los partidos en pantalla “gigante” en la cancha del colegio. Aquí el futbol es como una religión, los niños son adictos al juego, y me dio mucha pena que Honduras no marcara ni un gol, para la gente aquí era muy emocionante estar en el mundial, ser visto por todos y representar a los países centroamericanos.
Tuve un reinicio de clases un poco difícil los primeros días, por cansancio y algo de nostalgia por el “road trip” que hicimos con Fabian durante nuestra semana de libre. Ahora estoy mucho mejor, me siento cada vez más optimista en mi trabajo, y a pesar de algunas dificultades, mis niños van avanzando y puedo centrarme cada vez más en la lectura y escritura del inglés. Pienso que tienen más confianza en sus capacidades y algunos de ellos han mejorado bastante su nivel. Por muy diablitos que sean a veces, trabajar con ellos es un reto y un placer para mí, cada día trae su dosis de cuestiones, sorpresas, risas y agotamiento… Desde el regreso a clase tenemos un nuevo voluntario norteamericano, John, que ha venido a apoyarnos en 3ero y 4º grado, él me ayuda en el aula y también va a organizar tutorías con mis alumnos que tienen más dificultades. Es un chico muy tranquilo que acaba de graduarse en literatura inglesa, su novia trabaja en otra ONG cerca de aquí, nos llevamos muy bien y ya somos de nuevo un grupo de tres con Fabian, él y yo.
Bueno, ahora voy a tratar de resumir el recorrido que hicimos en la semana de vacaciones. Primero estuvimos en San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande del país (después de Tegu), cerca de la costa norte, también es considerada como la plataforma comercial y criminal de Honduras. Allí estuvimos con Audrey, una francesa, antigua compañera de Ander en Oxfam, y su novio Jordi, de Barcelona. Ella está trabajando para una ONG española, COPADE (Cooperación Para el Desarrollo) que colabora y vende productos de artesanía local. Una visita interesante que nos llevo hasta Tela, una pequeña ciudad balnearia del norte, a una hora de San Pedro, donde me bañe por primera vez en las aguas caribeñas, que rico! Paseamos por la playa, bastante limpia y despejada al no ser época de turismo (principalmente hondureño, y que invade el lugar durante los feriados), la única “atracción” de esta ciudad muy tranquila.
Luego salimos hacia La Ceiba, bordeando la costa caribeña hacia el este, seguramente la ciudad más grande y poblada de la costa, con mucho movimiento y playas menos bonitas. Decidimos no quedarnos en La Ceiba y “agarramos” un bus hasta Sambo Creek, un pueblo a unos 40 km más hacia el este. Este pueblecito costero me recordó mucho África, primero por los habitantes, los garífunas, descendientes de esclavos africanos que fueron deportados por los europeos a finales del siglo 18 y que ahora pueblan la costa caribeña desde Belice hasta la frontera nicaragüense. Sambo Creek fue el lugar más vacío y pobre que visitamos pero no llegamos a dormir en paz porque el hotel donde estábamos era también la única y extraña disco del pueblo… Al día siguiente, regresamos a La Ceiba y de allí nos subimos al ferry para Roatán, una de las islas de la Bahía, en el mar Caribe (al sur de Cuba).
Primera vez que me encuentro en un entorno tan paradisiaco, estilo “carta postal de Bahamas”, con cocoteros en las playas de arena clara y agua turquesa… Un “paraíso” si no fuera por los precios, muchos más altos que en el continente, debido a un fuerte turismo occidental (el único lugar en Honduras donde todos los precios están en dólares, además de la moneda nacional, el lempira), claro, eso es si uno puede comparar con el resto del país, y el montón de mosquitos (zancudos) que te dejan la piel llena de picaduras, y en un par de horas, puede parecer que seas victima de alguna enfermedad tropical…
Al final nos quedamos varios días en la isla, Fabian saco su licencia de buceo y yo aproveche para relajarme, pasear y hacer “snorkeling” (con gafas, tubo y aletas). Qué suerte poder ver el coral (las islas de la Bahía se asientan sobre la Gran Barrera Occidental de Arrecifes, y por eso son un centro internacional de buceo en profundidad) y ese mundo acuático fascinante, es algo bastante excepcional y me da pena que no hayan mas hondureños que puedan (o quieran) disfrutar de este espectáculo de la naturaleza en sus aguas. También conocí a un norteamericano, Rufus, un jubilado de más de 60 años, en mi opinión el último hippy, con el que compartía el dormitorio del hotel, un tipo muy interesante, que dejo los estudios muy joven pero con una cultura general impresionante. Cada año, va a un mercado de Chiapas (México) donde compra centenares de pulseras a mujeres indígenas, luego viaja por Centroamérica para venderlas, y eso es lo que ha hecho casi toda su vida, llevando su guitarra y hamaca con él, elaborando un conocimiento extenso y profundo de la región y disfrutando de su “trabajo”.
Desgraciadamente, no nos dio tiempo visitar mas partes de la isla, como el pueblo de Punta Gorda que fue el primer poblado garífuna. Hicimos el viaje de vuelta desde Roatán a Tegucigalpa en un día, cogiendo el primer barco de la mañana y viajando a “jalón”, llegamos a Tegu antes del anochecer, bajo el cielo gris de la ciudad, como siempre a la vuelta de las vacaciones…
Una casa en Tela Roatán en el Mar Caribe
Más fotos en la página "Pirates of the Caribbean"
Voici le texte en français, sorry s'il reste quelques fautes, je perd un peu mon french et l'accès aux ordis est limité en ce moment...
Baignades caribéennes
Nous voici déjà en juillet et plus de la moitié de l’année scolaire écoulée, ça fait maintenant un mois qu’on a repris le boulot après notre semaine de congé en juin. Reprise des cours, entre pluies et chaleur, avec une épidemie de fièvre Dengue dans la región, et après la défaite du Honduras dans sa première participation à la coupe du monde depuis plus de 20 ans. Les honduriens n’étaient pas très optimistes quand aux résultats mais je pense qu’un goal aurait un peu remonté le moral du seul pays d’Amérique Centrale présent dans la compétition.
Bref, après une semaine footballistique, où deux après-midi de cours on été suspendues pour voir les matchs sur écrans “géants” dans la cour de l’école, j’ai repris mes activités avec un plus d’énergie et d’optimisme. Mes élèves avançent, je peux maintenant me centrer sur leurs compétences en lectura et en écriture, ils sont de plus en plus à l’aise en anglais et certains d’entre eux ont fait de bons progrès. Travailler avec mes “petits anges” est un challenge quotidien autant qu’un plaisir, ils m’interpellent, me surprennent, me font rire et réfléchir, et m’épuisent…
Le nouveau volontaire est arrivé des USA, il s’appelle John et vient de finir ses études en litérature anglophone, c’est un gars très sympa et calme, gros musico, dont la copine travaille dans une autre ONG près d’ici. Il va nous aider en classe et organiser des groupes de renforcement pour les élèves en difficultés, c’est vraiment super, d’autant plus qu’il peut me remplacer en cas d’absence…
Pour ce qui est de la semaine de congé de juin, on a fait un chouette “road trip” avec Fabian, on est d’abord passé par San Pedro Sula, la deuxième plus grande ville du pays, près de la côte nord, plateforme commerciale et criminelle du Honduras. On est resté chez une ancienne collègue de mon frère à Oxfam, une française qui travaille pour une ONG espagnole de commerce équitable, avec des projets au Honduras et en Bolivie de soutien aux artisans locaux. Une visite intéressante qui nous a mené jusqu’à Tela, une petite ville côtière, à une heure de San Pedro, où je me suis baignée pour la première fois dans les eaux caribéennes, trop bon! On a pu profiter des plages de Tela, bien tranquilles et assez propres, sans vacanciers à cette époque de l’année, la seule “attraction” de la ville. De là, on a longé la côte caribéenne vers l’est pour arriver à La Ceiba, la plus grande, ou plutôt la seule, ville sur la côte nord du Honduras. On a décidé de passer la nuit dans un petit village à 40km de là, Sambo Creek, qui m’a redonné un petit goût d’Afrique. Les habitants sont des garífunas, descendants d’escalves africains deportés par les européens au 18ème siècle au milieu de leurs batailles coloniales, qui peuplent maintenant toutes la zone caribéenne de Belize à la frontière nicaraguayenne. Sambo Creek est sans doute l’endroit le plus vide et pauvre qu’on ait visité, mais notre nuit n’a pas été si paisible vu que l’hôtel où on dormait servait aussi de seule et étrange disco du bled… Bref, on est reparti le lendemain vers La Ceiba pour prendre le ferry vers Roatán, une des îles de la Bahia, dans la Mer des Caraïbes et faisant partie du territoire hondurien.
Roatán ressemble à ces îles de cartes postales, avec des cocotiers sur la plage de sable clair et d’eau turquoise, un vrai petit “paradis” si ce n’est pour les prix, conséquence de son succès auprès des touristes occidentaux qui payent généralement en dollars, grande diffèrence quand on vient du continent centro-américain, et du grande nombre de moustiques (notamment ceux vecteurs de malaria dont plusieurs variétés ont éte découvertes sur l’île) qui te remplissent le corps de leurs marques, on a vite l’impression d’avoir une infection tropicale après seulement un moment passé sur la plage… Nous sommes finalement resté plusieurs jours, Fabian en a profité pour faire son brevet de plongée, l’ île se trouve sur une des plus grande et mieux préservée barrière de corail, c’est donc un centre international important en matière de plongée sous-marine (de là l’arrivée du tourisme occidental). Moi aussi j’ai pu profiter de ce spectacle incroyable de la nature, une chance de pouvoir nager au milieu de ce monde aquatique assez rare et précieux, même si je trouve dommage qu’il n’y ait pas plus d’honduriens qui peuvent (ou veulent) vivre cette expérience. En plus de mes sessions de “snorkeling” sous l’eau et de mes promenades, j’ai passé pas mal de temps avec un nord-américain à la retraite, Rufus, avec qui je partageais le dortoire de l´hôtel, un gars trop chouette, avec une culture génerale de monstre malgré avoir déserté l’école en secondaire. A plus de 60 ans, il continue tous les ans à aller sur un marché de Chiapas (Mexique), il achète des bracelets à des femmes indigènes, ensuite il voyage en Amérique centrale plusieurs mois pour les revendre. Avec ses longues dreads, sa guitare et son hamac sur le dos, je pense réellement que j’ai rencontré le dernier hippy sur terre.
Malheureusement, nous n’avons pas eu le temps de visiter d’autres zones de l’île, comme Punta Gorda qui a été le premier village du peuple garífuna, après que les Britanniques les aient déportés sur cette île au milieu des Caraïbes. Départ avec le premier bateau et voyage de La Ceiba à Tegu en une journée de route, en stop et sans souci, on a même réussi à atteindre Tegu avant la tombée de la nuit, avec la pluie qui nous a accueilli, comme d’hab au retour de vacances…
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Contente d'avoir de tes nouvelles!
Tes photos sont magnifique.
C'est bien que le nouveau volontaire soit chouette.
Quand arrive Fran?
Je pars avec Laura jeudi à Madrid puis à Porto pour une semaine.
Je t'embrasse.
Clémence